House, una casa alucinante (1986)


House, una casa alucinante es una comedia de suspense estadounidense dirigida por Steve Miner.




A España tardó un año en llegar. Recuerdo que al ver el tráiler me entraron unas ganas locas de verla, ¿a quién no?, e intenté convencer a mi abuela (que Dios tenga en su gloria) para que me llevara, pero no le hizo tanta gracia como a mí, aunque sí me dio la propina para que fuese a verla. Así que me planté en el Carrión, trece años tenía, y disfruté de lo lindo.


La idea le surgió a Fred Dekker, uno de los guionistas, tras ver la de «En los límites de la realidad» con unos amigos. Se dijeron que podían hacer una película con historias cortas. El proyecto se dejó de lado, pero él alargó su historia y consiguió venderla. Costó 3 millones y recaudó, solo en territorio useño, 19,5. 


La historia comienza con unas imágenes de una casa acompañadas de una música misteriosa. Acaban los títulos de crédito y aparece un repartidor, que entra para dejar el pedido y se encuentra con una sorpresa no muy agradable (Susan French). Conocemos al protagonista, Roger Cobb (William Katt), un escritor de novelas de miedo (por cierto, ejem, ejem), sobrino de la sorpresa no muy agradable. Su editor le mete caña para que publique un libro nuevo, y se queda sorprendido negativamente al saber que tratará sobre la guerra del Vietnam, en los ochenta la guerra del Vietnam era como la de Irak en los «dosmiles» y los «dosmilesdiez».


Tiene una ex esposa muy guapa llamada Sandy (Kay Lenz), los dos se quieren aún, pero viven separados desde que su hijo desapareciera misteriosamente de la casa de la sorpresa no muy agradable. Rogger decide ir a la casa y escribir en tranquilidad su nueva novela. Pero no será todo tan tranquilo, para empezar conocerá a Harold (George Wendt) un vecino muy cotilla y a Tanya (Mary Stävin), una vecina buenorra y muy caradura. Mientras escribe, le volverán recuerdos de la guerra y de su compañero Big Ben (Richard Moll). Por la noche sucederán cosas raras, como habréis supuesto, pero lo más gordo le sucederá a plena luz del día cuando recibe la inesperada visita de su santa exesposa y resulta que no es ella.


La escena en la que descuartiza a la «monstrua» se hace simpática al ir acompañada de esta canción de Betty Everet:


Rogger decide averiguar qué ocurre y engaña a Harold para que le ayude diciéndole que tiene un mapache tan grande como un San Bernardo metido en un armario, Harold responde con una frase simpática: «Cujo, el perro mapache»... Resultará simpática para quienes conozcan la obra de Stephen King, o hayan visto esa película. Curiosamente existen los perros mapaches, aunque no creo que lo supieran mientras rodaban.



Nuestro escritor descubrirá que quien anda detrás de todo lo malo que le ha pasado no es otro que Big Ben, que tiene otra frase simpática al tratar de cargarse a Rogger: «Maldición. Vuelvo de la tumba y me quedo sin munición.»

Y, como habréis supuesto, el bueno del gran héroe americano lo arreglará todo. 

Es una buena película, la vi con miedo a pensar que habría perdido con el tiempo, pero no, al menos para mí no.

Los actores no lo hacen nada mal.

Los efectos de maquillaje son muy buenos.


El doblaje está bien. 

De la banda sonora se encarga Harry Manfredini. Desde el tema del comienzo va a dar miedo, hay algunos momentos un tanto estridentes, pero en general está muy bien.




NOTA 7,721121226 DE 10

No es una película de sustos, pero tiene momentos emocionantes. Es más, creo que es una peli de miedo para críos, como esta otra

Contó con tres continuaciones, muy distintas entre ellas, es más, hay una, la tercera, que ni siquiera pertenece a la saga, pero eso es otra historia.

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