Muerte de un ciclista (1955)


Muerte de un ciclista es una película de suspense realizada en coproducción entre España e Italia y dirigida por Juan Antonio Bardem.

No hay tráiler, ya he dicho varias veces que al cine español lo cuidan poco, así que os dejo con el comienzo de la película.


El tío del único actor español galardonado con un Óscar fue un director de bastante éxito durante la dictadura y un niño mimado del franquismo a pesar de ser comunista confeso. Cada película que hacía recibía premios. De él decía Salvador Dalí: «Bardem era comunista, yo tampoco». El caso es que gracias a él, su familia gozó de ciertos beneficios bajo el gobierno de Franco y ahora son una de las «famiglias» del cine español, bien acomodada con bastantes disponibles. Aunque no me quejo porque Miguel Bardem es un compositor del copón.

A la película...

Comienza con un ciclista subiendo una cuesta, llega arriba y chaas... le atropellan. Va conduciendo María José (Lucía Bosé), junto a ella, Juan (Alberto Closas). Salen a ver cómo está el ciclista, pero no pueden hacer nada. Ella se mete en el coche y él la sigue, aunque con remordimientos.


Nos enteramos que son amantes y que ella está casada... 

¡Un momento!

¿Una película española durante el franquismo en la que los protagonistas son amantes? Imposible, esas cosas no se podían decir... A no ser...

Ese mismo día por la noche María José se encuentra con Miguel (Otello Toso), su marido, en una fiesta y otro de los invitados, Rafael Sandoval (Carlos Casaravilla), un crítico de arte, una especie de Mariñas que sabe todo de todos la cuenta que la ha visto aquella mañana. Ella es una mujer interesada que pegó un braguetazo y ahora vive una posición acomodada que no quiere abandonar, por eso ve el cielo abierto cuando su marido dice que se va de viaje y quiere que vaya con él.


Juan es un profesor de universidad un poco pagafantas. Al día siguiente, mientras está dando una clase en la que se está examinando una alumna, Matilda Luque (Bruna Corrá), sufre un ataque de remordimientos y la ordena que deje de hacerlo. Ella se queda sorprendida...


¡Un momento!

¿Chicas en las universidades durante el franquismo? Eso es imposible, todo el mundo sabe que a la mujer no la dejaban hacer nada.

Sigamos...

Nuestros protagonistas tienen un encuentro casual en un hipódromo, en el que se encuentra también Rafael que les deja helados al leer el titular de una noticia en el periódico: Muerte de un ciclista.


María José se reúne con Rafael en un museo y nos enteramos que ese hombre es un crítico de arte y una especie de Mariñas que sabe todo de todos y que está loquito por ella. Mientras tanto Juan va al bloque en el que vivía el ciclista muerto para interesarse por su vida y por su viuda.

Hay más encuentros, en uno de ellos coinciden los cuatro implicados en la historia: El matrimonio, el amante y el chantajista.


Se produce una bronca y da la casualidad de que la policía llega para buscar a Juan. Le llevan a la universidad en la que se ha montado una buena en apoyo a Matilda, la joven que no pudo acabar el examen y fue suspendida.

¡Un momento! 

¿Manifestación y bronca durante el franquismo? No puede ser, porque en aquella época no dejaban hacer nada de eso.

Continuemos...

Juan habla con la joven y ella queda prendada de él y él parece que algo ha sentido. Aunque no es lo mismo que ella. Él ha sentido que puede hacer algo bueno y quitarse un peso de encima, confesar. Y tras una cita con María José en una iglesia se decide a hacerlo. Pide un favor a la joven estudiante, que entregue una carta en la que presenta la dimisión.


Juan queda con María José por última vez y la dice lo que va a hacer y que ella también ha de hacerlo. Ella convence al marido para irse cuanto antes, pero acude a la cita con su amante. Pasan por el lugar en el que ocurrió la desgracia y...





El final es de esos que tienen justicia poética.


Es una buena película, la historia está bien. La realización es muy buena. Puse que era de suspense pero es también un drama. 

Los actores están muy bien todos, me ha gustado mucho el personaje de Rafael Sandoval.

El doblaje es muy bueno. Sí, está doblada. En aquella época no se llevaba mucho el sonido en directo, aunque hay una escena, durante una boda, en la que se ve un micro reflejado en el cristal. Además aprovechaban que había actores extranjeros para que no se notara mucho el acento.

La banda sonora compuesta por Isidro B. Maiztegui es normalilla, acompaña las imágenes y poco más. 


                          
NOTA 7,779846234 DE 10

Si no la habéis visto, hacedlo, descubrid un cine español vilipendiado no por sus defectos sino por la época en la que se rodó. Aunque uno de los principales responsables de ese desprecio, de ese odio, fuese precisamente el director de esta película, Juan Antonio Bardem.

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